Tal día como hoy hace 17 años despegaba el vuelo 4590 de Air
France en el aeropuerto Charles de Gaulle de París. A las 16:42 alcanzaba la
velocidad de rotación y sus ruedas se despegaban del asfalto de la pista, dos
minutos más tarde no era nada más que unos trozos de chatarra envuelta en
llamas. 113 personas perdían la vida en el único accidente mortal del Concorde,
de las cuales 100 eran pasajeros, 9 la tripulación y 4 personas en tierra. El
avión se estrellaba sobre un hotel en Gonesse, una pequeña localidad a 6km del
aeropuerto Charles de Gaulle pero a tan
solo 1,5 km del aeropuerto de Le Bourget. Una mísera pieza metal de unos 43cm fue la que acabó con un avión de
46 millones de dólares, 62m de longitud y 78700kg de peso en vacío.
Esta pequeña pieza provenía del motor de un Dc-10 de Continental
con destino a Newark y que había despegado por la misma pista cinco minutos
antes que el concorde. El destino quiso que la pieza cayera justo por donde,
unos minutos más tarde, pasaría la rueda del Concorde. La rueda reventó y un
trozo de caucho de unos 4kg golpeó el ala de tal manera que el depósito se
rompió por su punto más débil debido a las ondas producidas por el combustible tras recibir el impacto. Además, otro trozo de
caucho rompió unos cables del tren de aterrizaje lo que imposibilitó que las
ruedas subieran sumándole resistencia al avión.
El resto es historia. El combustible se derramó lo que provocó
un incendio que hizo que el motor número 2, en el ala izquierda, perdiera potencia y el avión se estrellara
Su poca rentabilidad,
su alto coste de mantenimiento y el hecho
de que la seguridad del avión había sido puesta en duda tras el accidente llevaron
a que el Concorde volará por última vez en 2003.

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